Psiquiatría de adultos

La Psiquiatría es la especialidad médica que se dedica al estudio y tratamiento de las enfermedades mentales. Su objetivo es prevenir, diagnosticar, tratar y rehabilitar los trastornos de la mente.

En nuestra atención a los problemas psiquiátricos de los pacientes adultos adoptamos, por supuesto, un modelo médico para afrontar los trastornos mentales. Pero no olvidamos que en la aparición y mantenimiento de la enfermedad mental influyen también factores sociales, culturales, familiares y las experiencias vitales del paciente. Esto nos permite hacer un abordaje más global del paciente como un todo, en su interacción con el mundo.

 

TRASTORNO BIPOLAR

El trastorno bipolar se caracteriza por la presencia de clínica depresiva que se alterna con episodios de manía o hipomanía. Los episodios maniacos se caracterizan por un aumento en el estado anímico general, aumento de actividad, disminución de la necesidad de sueño, expansividad, elocuencia, necesidad de hablar más, iniciar proyectos inabarcables, un aumento de la sensación de capacidad del sujeto… Según su duración e intensidad hablaremos de manía o hipomanía. En la manía puede incluso aparecer clínica psicótica, en la que el paciente da por ciertas cosas que no lo son.

Hoy por hoy encontramos distintas categorías: Tipo I con depresión mayor y manía, Tipo II con depresión mayor e hipomanía, Tipo III la que es secundaria a fármacos o a tóxicos, ciclotimia cuando se combina hipomanía con un trastorno depresivo más leve…

Podemos estar hablando de varias caras de una misma enfermedad. En todo caso, hay que tener una cosa clara: el trastorno bipolar necesitará un tratamiento adecuado, tanto farmacológico como psicológico. No es una simple cuestión de “poner de tu parte”

El problema muchas veces es que el sujeto en fase maníaca no se siente enfermo. Se siente especialmente bien y en esos momentos para la familia lograr ayuda puede ser muy difícil. Por esto es necesaria una psicoeducación adecuada tanto a familiares como al paciente

 

TRASTORNO DEPRESIVO

El término médico “depresión” hace referencia a una enfermedad, un trastorno del estado del ánimo que interfiere significativamente en la vida de quién lo padece. No debemos confundirlo con el término coloquial con el que nos referimos a breves estados transitorios de desánimo, más o menos comunes, ante los estresores cotidianos.

Aunque los síntomas principales de la depresión son la tristeza y el decaimiento, en algunos casos pueden no estar presentes estos síntomas, ya que la depresión puede expresarse en forma de trastorno cognitivo (p.ej. dificultades para pensar con claridad, concentrarse o memorizar), de trastorno volitivo (p.ej. dificultad para tomar iniciativas o pérdida de interés) o de trastorno somático, que puede afectar a cualquier sistema orgánico (p.ej. colon irritable, taquicardias, dolores musculares o reacciones dermatológicas).

Los síntomas más comunes de la depresión son:

  • Sentimientos de tristeza.
  • Irritabilidad.
  • Anhedonia: disminución de la capacidad para disfrutar o mostrar interés o placer en las actividades habituales.
  • Sensación de debilidad física, falta de energía.
  • Insomnio o hipersomnia.
  • Pérdida o aumento del apetito.
  • Enlentecimiento o agitación.
  • Dificultades de concentración y disminución de la capacidad intelectual.
  • Disminución de la sociabilidad.
  • Sentimientos recurrentes de inutilidad o culpa.
  • Dificultad para tomar decisiones y para afrontar la vida cotidiana.
  • Pensamientos recurrentes de que la vida no vale la pena ser vivida o ideas suicidas.

La clasificación de trastornos psiquiátricos exige, para poder efectuar el diagnóstico, que se presenten al menos cinco de estos síntomas durante un período de, al menos, dos semanas y que la aparición de estos síntomas no sea debida a otra enfermedad psiquiátrica, a consumo de tóxicos o a una reacción de duelo. También es necesario para el diagnóstico que el trastorno interfiera negativamente en el área social, laboral u otras áreas vitales del paciente.

 

TRASTORNOS DE ANSIEDAD

Ante una situación de estrés, las personas solemos tener una reacción leve y transitoria que no suele ser problemática. En los trastornos de ansiedad, en cambio, esta reacción persiste en el tiempo, es más intensa y puede ser desproporcionada a la situación o incluso mantenerse sin que exista ninguna situación aparentemente estresante.

Cuando es así, las manifestaciones de la ansiedad (a nivel cognitivo, conductual y fisiológico) interfieren de manera significativa en la vida de quien las padece, conllevando un alto grado de sufrimiento y con tendencia a empeorar si no se tratan.

Los síntomas más característicos de la ansiedad son:

  • A nivel cognitivo: preocupación, temor, miedo a perder el control, pensamientos negativos sobre uno mismo, anticipación de peligro, dudas, etc.
  • A nivel conductual o motor: evitación de las situaciones temidas, conductas de seguridad como por ejemplo salir de casa solamente si se lleva medicación o no distanciarse más de 200 metros de un lugar considerado “seguro” (la propia casa, una farmacia, un hospital, etc.), intranquilidad motora (movimientos repetitivos, rascarse, etc.).
  • A nivel fisiológico: tensión muscular, incapacidad para relajarse, falta de aire, opresión precordial, embotamiento mental, temblor, palpitaciones, sudoración, etc.

Los trastornos de ansiedad afectan a millones de personas en todo el mundo. En la actualidad existen terapias eficaces para su tratamiento, tanto a nivel psicofarmacológico como psicológico. Cada día la investigación científica desarrolla nuevos tratamientos que pueden ayudar a mejorar la sintomatología y la calidad de vida de las personas que los padecen.

Cada trastorno de ansiedad tiene diferentes síntomas, pero todos se agrupan alrededor de un temor irracional y excesivo.

Trastornos de ansiedad:

  • Fobia social o trastorno de ansiedad.
  • Fobia social o trastorno de ansiedad.
  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Crisis de angustia.

 

TRASTORNOS PSICÓTICOS

Aunque cuando hablamos de psicosis lo más rápido es pensar en la esquizofrenia, este no es el único motivo por el que puede aparecer clínica psicótica. También puede ser episodios puntuales en respuesta a un estrés agudo, parte de la sintomatología de una depresión severa, de un episodio maníaco, aparecer en respuesta al consumo de drogas como la cocaina, cannabis o sustancias alucinógenas… también puede haber clínica que recuerda a lo psicótico en enfermedades somáticas, como ocurre en el síndrome confusional agudo o ante ciertas patologías neurológicas. Es deber del clínico intentar diferenciarlas.

Encontraremos ideas que no se corresponden con la realidad y además son irreductibles, no se le puede convencer de lo contrario. Son los llamados “delirios”. También podemos encontrar alucinaciones de distintos tipos: lo más frecuente es que sean auditivas, pero también pueden ser visuales, cenestésicas…

Por otra parte se pueden apreciar conductas extrañas como intentar aislarse de los demás, encerrarse, evitar comer ciertos alimentos, agresividad, hablar solo…

 

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Este cuadro, relacionado con niveles de serotonina muy bajos, se caracteriza por un pensamiento rumiativo sobre cierto tema que hace que, aunque el sujeto sepa que no es cierto, tenga que hacer algo para evitar el pensamiento.

Un ejemplo sería la idéa de infestación: puede pensar que tiene las manos sucias, aunque sabe que ya se las ha lavado y efectivamente están limpias. Pero necesita lavárselas una vez más. Y esta circunstancia se repite hasta llegar a irritarse la piel.

Este cuadro se ve incluso en niños muy pequeños, donde además muchas veces hay conducta compulsiva sin que se inicie el pensamiento rumiativo. Son niños que pueden tener que comprobar la maleta 5 veces antes de acostarse o dar 3 vueltas a la silla antes de sentarse.

 

 

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